El paisaje cotidiano de la Avenida 893 ha cambiado de forma drástica, y no para mejor. La desaparición de los colectivos de la Línea 148 es el síntoma más feroz de cómo el modelo económico de Javier Milei está desmantelando la conectividad de los barrios populares. Con la quita de subsidios y el aumento brutal de los costos, el Gobierno Nacional asfixió a “El Nuevo Halcón”, dejando a miles de vecinos de Solano sin su vía directa a Constitución o Florencio Varela y a más de 500 trabajadores en la calle.
El epicentro del conflicto está en la terminal de la avenida 12 de octubre, en Quilmes. Allí, los choferes denuncian que la empresa les debe los sueldos de enero y febrero, además del aguinaldo. Son más de 500 familias de nuestra región que hoy caen en el desempleo en medio de una recesión que no da tregua. Mientras los directivos intentan rematar el predio de Quilmes Oeste para saldar deudas, los laburantes ven cómo el ajuste de Milei les arrebata el sustento de años en nombre de un equilibrio fiscal que solo cierra dejando gente afuera.
El transporte, bajo la lógica del mercado que impulsa el gobierno nacional, se ha vuelto un lujo. La gente viaja menos y camina más porque los salarios, pulverizados por la inflación, ya no alcanzan para pagar boletos que no paran de subir. No es solo un problema de frecuencias; es la ruptura del tejido social de un barrio que ve cómo el Estado se retira y deja el transporte a merced de los grandes grupos empresarios que solo buscan los ramales rentables.
Hoy, el “Halcón” ya no anda por Solano. La crisis de la 148 es el espejo del país de la “motosierra”: trabajadores que pierden su empleo y usuarios que pierden su tiempo y su dignidad esperando un colectivo que el ajuste nacional borró del mapa. Mientras se negocia quién se queda con los recorridos, más de 500 familias quilmeñas y varelenses esperan una respuesta que no sea más desocupación y más ajuste.
