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Un relevamiento reciente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) encendió señales de alerta sobre el estado emocional de la población en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). 

Según el estudio, una mayoría significativa de los encuestados afirma sentir un mayor desgaste anímico en comparación con el año pasado, en un contexto marcado por la incertidumbre económica, la inflación y la pérdida del poder adquisitivo.

El informe, elaborado por especialistas en ciencias sociales, indaga sobre la percepción del bienestar general y muestra un deterioro sostenido en indicadores vinculados al ánimo, la expectativa de futuro y la satisfacción con la vida cotidiana. 

Entre los principales resultados, se destaca que más del 60% de los consultados considera que su situación personal empeoró en el último año, mientras que una proporción similar expresa preocupación constante por la economía.

Diferencias según posicionamiento político

El estudio también analiza cómo impacta este escenario según el comportamiento electoral en el balotaje presidencial de 2023, particularmente entre votantes de Javier Milei y Sergio Massa.

Entre quienes apoyaron a Milei, si bien existe una percepción de dificultad económica, se observa un nivel relativamente mayor de expectativa positiva a futuro, con una parte de este grupo que considera que la situación actual responde a un proceso de transición necesario. 

Sin embargo, incluso dentro de este segmento, crece la inquietud por el impacto de las medidas en el corto plazo.

En contraste, los votantes de Massa muestran niveles más altos de desánimo y pesimismo. En este grupo predomina la idea que la situación económica actual no solo es negativa, sino que podría prolongarse en el tiempo sin mejoras sustanciales.

Un clima social atravesado por la incertidumbre

Los investigadores de la UBA advierten que el desgaste emocional no se limita únicamente a variables económicas, sino que también se relaciona con factores como la inestabilidad laboral, la dificultad para proyectar a mediano plazo y la sensación de pérdida de control sobre la propia vida.

“El malestar anímico aparece como una constante transversal, más allá de las diferencias políticas”, señala el informe, que subraya la importancia de monitorear estos indicadores en un contexto de cambios profundos.

En este sentido, el estudio concluye que el desafío no es solo económico, sino también social y psicológico, ya que el deterioro del bienestar general podría tener consecuencias en la cohesión social y en la percepción de futuro de la población.