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“Los quilmeños tenemos el síndrome del mal del sauce, pero no necesitamos la medicina para la cura porque no queremos curarnos. Somos felices de tener el síndrome”, dice el Mono de Kapanga en el documental “La maldición del sauce”. 

El film recupera la identidad quilmeña a través de entrevistas a vecinos, artistas, la participación del proyecto The Walking Conurban, la reflexión del escritor y guionista Pedro Saborido y es el trabajo final de Maria Eugenia Natalucci y Magdalena Borzi, estudiantes de la Tecnicatura en Producción Digital de la Universidad Nacional de Quilmes. Aunque todavía no fue evaluado por jurados, ya recorrió cuatro salas quilmeñas, fue visto por más de 600 personas y fue reconocido por la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.

Según la leyenda, cualquier persona que se sienta frente a un río o duerma bajo la sombra de un sauce puede quedar hipnotizada por el paisaje. Una vez atrapada por ese profundo sentido de pertenencia, ya no querrá irse. Si bien este mito popular no es exclusivo de los quilmeños sino que pertenece a toda persona que habite la costa bonaerense, fue el puntapié para que Natalucci y Borzi registren, a través de los testimonios, cómo es la identidad de Quilmes.

El film narra cómo la pertenencia al conurbano se construye con afecto, historias compartidas y decisiones de vida. A la vez que muestra cómo quienes viven en Quilmes pueden generar una identidad, más allá de si nacieron o no allí. “Quilmes no es solo un punto en el mapa: es sentimiento, cultura y comunidad”, plantean las directoras en la sinopsis.

Natalucci describió: “El conurbano tiene varias cosas a favor para generar pertenencia. A diferencia de lo que sucede en una capital, en los barrios se compra siempre en los mismos lugares, como kioscos o almacenes, que quedan cerca de donde uno vive. Entonces, en lo cotidiano uno se relaciona más o menos con las mismas personas”. Y continuó: “A veces, el hecho de viajar lejos para trabajar hace que solo quieras volver a tu casa y estar en la tranquilidad del barrio. Hay mucho del esfuerzo del laburante y de la solidaridad entre vecinos, y creo que ahí también se construye mucho de ese sentido de pertenencia”.

Borzi va más allá: “La premisa parte de una charla entre los chicos de The Walking Conurban y Pedro Saborido, que decían que el quilmeño es un ser muy endogámico y fanático de su ciudad y es verdad. Todos los quilmeños cuando hablan de Quilmes reaccionan igual: se ponen contentos y empiezan a enumerar el río que tenemos, el alfajor Capitán del Espacio y la cerveza. Hay un listado enorme de argumentos que quien vive en este lugar va a utilizar para convencer a otro que Quilmes es la mejor ciudad del mundo y, en el fondo, creo que realmente lo somos”.

Sus directoras, Natalucci y Borzi, se conocen desde la infancia y están por recibirse juntas de la Tecnicatura en Producción Digital en la UNQ. “Queríamos hacer un trabajo final que hable del territorio de donde venimos y con voces quilmeñas que cuenten lo que es vivir acá”, contó Borzi. Natalucci agregó: “Sentimos que ya no es nuestro, sino de todos los quilmeños. Es una locura que un documental sobre nuestra ciudad sea visto por 600 personas de esa misma ciudad. Es lo más pueblerino que existe y la manija es total”.

El film ya se expuso en cuatro salas de Quilmes y espera por más presentaciones en centros culturales como Hagan Lío y Club de Arte Tempuja. La información de las próximas presentaciones puede seguirse en el instagram oficial @lamaldiciondelsauce.

Fuente: Agencia UNQ