Quilmes tiene muchos rincones con vida propia, y uno de ellos es la peatonal Rivadavia. Allí, entre locales comerciales y el paso constante de vecinos y vecinas, se escucha con frecuencia la voz de Pablo Della, un cantante que encontró en la calle un escenario tan genuino como inesperado.

Lo curioso de su historia es que, además de cantar, Pablo tiene su trabajo administrativo. Su jornada laboral transcurre entre papeles, pero al terminar y en sus ratos libres, elige desplegar su talento frente a los transeúntes de la peatonal.

Su repertorio incluye clásicos del rock nacional y canciones populares (interpreta a Vox Dei, Almendra, Bersuit, Piero, Fito, Sandro, entre otros), que la gente reconoce al instante. Muchos se detienen unos minutos, otros se quedan largo rato disfrutando, y no falta quien se anime a cantar con él. 

Pablo tiene 48 años, es autodidacta y también tiene un dúo con su compadre llamado “¿Qué hago acá?”, que tiene su propio cancionero, donde profundiza en lo social.

“Salir a la calle para mí es llevar un poco de cultura desde mi humilde interpretación. Hablar con la gente con buena onda es lo más gratificante”. Y agregó con miras al futuro cercano: “Me gustaría tocar en otros lugares y grabar con el dúo”.

Della asegura que cantar en la peatonal no es solo una manera de expresar su pasión, sino también de conectarse con la comunidad. Allí no hay escenario formal ni reflectores, pero sí un público diverso que le devuelve sonrisas, aplausos y palabras de aliento.

Entre la seriedad del mundo y la frescura del canto callejero, Pablo Della construye un perfil singular: el de alguien que no renuncia a su vocación artística y que, con cada canción, transforma un espacio cotidiano en un punto de encuentro cultural.