Por: Editorial CPB

Cuando le preguntaban a José Luis Espert si había recibido dinero por parte de Fred Machado, a todos nos daba la misma sensación: si fuera mentira, ¿por qué no decir lisa y llanamente, “no”?

En esta dimensión temporal alternativa que es la Argentina gobernada por Milei, las cosas se suceden a una velocidad inusitada. Así es que al día siguiente de haberse negado a responder, ya sobre la medianoche del día jueves y por la evidente presión social, mediática y política, Espert afirma en un video subido a su cuenta personal de X, que sí había recibido la suma de 200 mil dólares.

Según el propio J.L.E., esta suma le fue transferida a principios del año 2020 por la empresa “Minas del Pueblo” a cargo del empresario Iván Morales, como adelanto de un servicio de consultoría que luego no fue concretado por la irrupción de la pandemia de COVID-19.

La minera

La empresa guatemalteca señalada como la contratante por Espert, era una mina dedicada a la explotación de plomo, zinc y cobre, de la que Fred Machado era dueño. Iván Morales, a quien el excandidato a Diputado por la LLA menciona, en realidad era socio en las mineras, no el dueño. A Morales se le imputa el robo de maquinaria para la operación ilegal de una mina de oro que finalmente nunca llegó a estar activa.

Sin embargo, las Minas del Pueblo sí aparecen en investigaciones tanto en Guatemala como en Estados Unidos como parte de un complejo entramado delictivo que involucra tráfico de drogas, lavado de activos y hasta un esquema Ponzi de estafas.

La explicación de Espert no cerraba por ningún lado. Primero, resulta insólito que no se le haya solicitado la devolución del dinero por un servicio que finalmente no prestó. Y profundizando en su propio guión, hay mentiras concretas que terminan en este cuello de botella: 1) si la transferencia la recibió a título de las Minas del Pueblo, como el dueño era Machado, sí recibió dinero del acusado de narcotráfico; 2) si la transferencia se la hizo el socio Iván Morales, éste operaba de manera ilegítima una mina de oro que en realidad no estaba activa, por lo tanto no había consultoría para hacer.

Pero hay una tercera contradicción: al día siguiente a esta declaración se conoce parte de la evidencia judicial alojada en los registros electrónicos de los tribunales federales de Estados Unidos. Esta documentación -que fue parte de la prueba que utilizó la Fiscalía de Estado de Texas para condenar a la socia de Fred Machado por conspiración para facilitar el narcotráfico, importación de cocaína, lavado de activos y conspiración para infringir las registraciones de aeronaves en Estados Unidos- registra la transferencia de 200 mil dólares a José Luis Espert por parte de la empresa Wright Brothers Aircraft Title Inc, de la que la socia de Machado era dueña.

Mareado por los ingresos de dinero que no puede explicar, Espert habló de las Minas del Pueblo cuando en USA lo investigaban por el giro de la Wright Brothers Aircraft Title Inc. Entonces, ¿cuánto más dinero ilegal habrá dando vueltas?

La violencia política

Esta trama internacional de delitos al Estado argentino, guatemalteco y estadounidense –vale decir, que se vienen denunciando hace varios años- cobra fuerza en nuestro país de la mano del movimiento feminista. ¿Por qué?

Porque justamente son las mujeres en Argentina las que hace años vienen padeciendo la violencia política de este varón que más que anarco-capitalista, resultó un narcocapitalista. Sin ir demasiado lejos, en junio de este año mientras daba una conferencia en la UCA Espert insultó sin pudor a Florencia Kirchner, de manera absolutamente desproporcionada, descontextualizada y por supuesto, traspasando todos los límites del respeto y la convivencia en sociedad. Lo mismo sucedía desde sus redes personales y casi en cualquier sitio por el que Diputado aparecía.

La violencia política hacia las mujeres pareció llegar a su punto cúlmine con la detención y proscripción ilegítimas de Cristina Fernández de Kirchner (hecho que el economista festejó con todo tipo de agravios mediante) pero aún hubo más. Dos compañeras, mujeres, jóvenes, militantes, peronistas y kirchneristas fueron detenidas en una cárcel de máxima seguridad acusadas de haber cometido un escrache en la puerta de la casa del Diputado, que cuanto mucho, no fuera más que una contravención municipal. Así las cosas, estuvieron alojadas en el Penal de Ezeiza bajo secreto de sumario y violando todas las garantías procesales y constitucionales de las que disponemos las ciudadanas de este país. Igual que Cristina, secuestrada por el Partido Judicial.

Lamentablemente, esta violencia, derrama. Hace apenas dos semanas nos arrebataron a 3 mujeres en un contexto atroz vinculado al narcotráfico. Una de ellas, en realidad, es una niña (aún no nos atrevemos a usar el tiempo pasado).

Decimos que la violencia derrama porque en materia de género, lo simbólico opera de manera tan efectiva en la sociedad que terminamos por actuar como los estereotipos mandan. Con niños creciendo rodeados de discursos de odio e incitación a la violencia, y niñas sexualizadas a tempranísima edad. Porque con un Estado en retirada, con un sistema educativo en crisis (y con el ataque constante del gobierno nacional a la Ley de ESI), con el creciente aumento del desempleo, la precarización de las economías, la subsistencia a como dé lugar, se termina por configurar el caldo de cultivo ideal para la irrupción del narcotráfico. Que no es de ahora, seguro. Pero que ahora tiene la puerta abierta por parte del gobierno de Javier Milei, también es seguro. Un Estado que en nombre de la “seguridad” va a perseguir y castigar nuestros cuerpos, los cuerpos pobres, los cuerpos marrones; los cuerpos feminizados que protestan contra las violencias, contra el orden establecido, los cuerpos feminizados que son y hacen política pensando en las mayorías.

Es urgente pensar qué pasa con nosotras cuando las economías se precarizan cada vez más a la par que crecen los mercados ilegales. Es urgente pensar qué pasa con nuestros pibes cuando se ven sin posibilidades de ser. Cuando no hay redes comunitarias, cuando la comida no alcanza y la escuela pasa a ser un territorio ajeno frente a la necesidad de salir a hacer la plata para el día.

Es urgente, entonces, que la bandera de una Argentina próspera y en paz para todos y todas vuelva a ser levantada por las mujeres de los merenderos, las vecinas de los puntos solidarios, las militantes políticas, las Cristina, las Mayra, las Eva, las Alesia, las Aldana. Las verdaderas minas del pueblo.